CRÓNICA 15 DE ENERO DE 2014: CYCLING IN THE RAIN

Montar en bici en un día como el de hoy son todo ventajas: no tienes que preocuparte de si está más nublado por el este que por el oeste, no te tienes que preocupar de predicciones meteorológicas, si dan lluvia a partir de las 11:00, o quizá empiece a llover algo más tarde: simplemente sales, te mojas bien desde el principio y después da igual todo, más no te vas a mojar…

Pero empecemos por el principio: durante la madrugada, en algún leve momento de desvelo, había sentido la lluvia arreciar. Cuando, ya de mañana, me asomo a la calle, caigo en la cuenta de que no había sido un sueño, el suelo estaba empapado y no paraban de caer gotitas. Después de desayunar la lluvia da un leve respiro y me animo a coger la bici, salgo de casa y prácticamente no cae agua, llego a la plaza de Cabanillas, allí me encuentro con Valentín, que hoy hace honor a su nombre y le ha echado coraje. Como no acude nadie más, se me ocurre llamar a Diego y escucho una voz somnolienta al otro lado: “yo hoy no salgo, me he quedado en la cama”. Al poco llega Óscar y ya somos tres.

Justo antes de salir de Cabanillas, la lluvia empieza a intensificarse y, contra toda lógica, decidimos hacer la etapa marcada en la página del Club. Tras coronar Valbueno ya se intuye que lo de las precipitaciones no va a ser algo pasajero, pero nadie abre la boca y seguimos hacia adelante. Nos plantamos en Las Castillas, donde Óscar y el que les escribe aprietan el ritmo, Valentín se nos queda un poquito rezagado, pero pronto seguimos la marcha agrupados.

En El Casar, los términos “llovizna”, “chirimiri”, “orvallo” o “calabobos”, quedan muy lejos de describir lo que nos está cayendo encima y Valentín para a ponerse el chubasquero, dice que no paremos, y Óscar y yo (que llevábamos esta útil prenda desde un principio) proseguimos por la N-320. Justo antes de coger el desvío hacia Valdepiélagos, Valentín nos da alcance.

Hay una cosa que consigue animarnos, y es que nos cruzamos con un numeroso grupo de ciclistas que también han salido a disfrutar de la mañana, esto no es que dé más fuerzas, o que suavice el recorrido, pero nos hace sentirnos menos raros: no somos los únicos…

Llegamos a Mesones y afrontamos una nueva subida, Óscar hoy se ha empeñado en tensar la cuerda cuando la carretera se pone para arriba y me vuelve a hacer sufrir, pero coronamos juntos y Valentín nos sigue a una prudente distancia. Antes de llegar a Valdenuño, decidimos no parar a tomar café, estamos calados y no es cuestión de quedarnos fríos, por lo que podemos apreciar una nueva ventaja de estos días lluviosos: se ahorra.

En Viñuelas giramos a la izquierda y ponemos rumbo hacia Usanos, la lluvia se ha moderado y nos hacemos ilusiones pensando en que podría llegar a salir el sol, pero nada más lejos de la realidad. Óscar vuelve a apretar en los repechos y mis piernas acusan el esfuerzo, pero después de lo que estoy aguantando hoy no voy a claudicar en el final…

Llegamos a Usanos, sentimos que la etapa está ya sentenciada, se han terminado las subidas y lo que resta es favorable, pero la climatología nos tiene preparada una última jugarreta y cuando pasamos Marchamalo el cielo empieza a descargar agua como si no hubiera un mañana, la carretera está tan mojada que ya no sabes si llueve para arriba o para abajo y si aprietas el puño caen chorros de los guantes, cada vez que das una pedalada sientes como rezuma agua de tus zapatillas. Pero el fin ya está cerca y hacemos el último esfuerzo, Valentín se desvía hacia Torrejón, Óscar se va para Azuqueca y yo tomo la CM-10 para llegar a Guadalajara, que hoy todos somos de fuera de Cabanillas.

Datos de la etapa: 98kms, 26.7km/h y 900m de desnivel positivo. Por poco no nos salen branquias…

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